CONTEMPLACION

La contemplación constituye el viaje interior del carmelita que proviene de la libre iniciativa de Dios. Es una experiencia transformante del amor de Dios que sobrepasa. Es el fundamento principal del carisma, junto a la oración, la fraternidad y el servicio — elementos constitutivos del carisma —, que dinámicamente los unifica a todos.

La propuesta de comunión con Dios y los hermanos para vivir en “obsequio de Jesucristo” es el fruto principal de la vida del Carmelo, plasmada no solamente en la Regla y otros documentos de la Orden, sino sobre todo escrita en el corazón de personas que, a través de luces y sombras, nos han legado una preciosa herencia.

La Orden del Carmen ve la contemplación no en línea del “contemplata aliis trajere” (lo contemplado llevado a los otros), sino con una comprensión propia, esto es, el “vacare Deo”: la contemplación como base y fundamento de la propia existencia; contemplar con la mirada de Dios, y en consecuencia, amar con su corazón. De aquí que la contemplación, o experiencia del Absoluto, es la fuente de toda la vida y principio de unificación de todos sus aspectos.

“Originariamente el Carmelo se gestó en clave de contemplación, porque la Orden era eremítica y la vida apostólica tenía una pequeña parte. Pero a mediados del siglo XIII, cuando los religiosos fueron forzados por los Sarracenos abandonar el Monte Carmelo y buscar refugio en las costas de Europa, los frailes construyeron monasterios cerca de las ciudades y adquirieron un mayor interés en el cuidado de las almas. El papa Inocente IV en 1248 durante el generalato de San Simón Stock aprobó este nuevo modo de vida mendicante con su ampliado apostolado, pero manteniendo la Orden su vocación al ideal contemplativo. Aún hoy día, siete siglos más tarde, la vida eremítica es animada y las Constituciones recomiendan monasterios para aquellos que desean retirarse permanentemente o al menos por un período de tiempo de la vida activa para entregarse a sí mismos a la oración y soledad…

La lucha por mantener la primacía de la vida contemplativa puede rastrearse en cada fase de la historia de la Orden, una historia que ha conocido momentos de ansiedad, e incluso, algunos momentos ocasionales de hartazgo. A veces, debilitada por la pérdida de fervor y, otras, asaltada por guerras, plagas y caos económico, la Orden tuvo que redefinirse por medio de reformas para restablecer nuevamente el celo por la oración como la primaria y fundamental característica de la vida diaria del carmelita.” (Ex Prior General, p. Fray Kiliano Healey, +2003).

 

ORACION

En la Regla Carmelita la oración está centrada en la persona de Cristo y es claramente una visión monástica medieval. Esto se ve claro en el acento sobre el ejercicio de la Lectio Divina, o Lectura Orante de la Palabra, y el rezo diario de los salmos que sugiere la Regla (c. 7-8).

La oración es una invitación a aprender y desarrollar una actitud de escucha y acogida de la Palabra de Dios, actuándola en la propia vida.

Esta actitud se orienta a la búsqueda de Dios en lo cotidiano y exige un camino de interiorización. Por lo tanto, la oración en la Regla Carmelita antes de ser un precioso ejercicio, es un movimiento dinámico en el sentido de “vacare Deo” con carácter de continuidad y que conduce a una total disponibilidad para Dios, buscado en la propia vida y en todos los aspectos de ella.
La oración como actitud constante de apertura y diálogo con Dios conduce al hombre a la dimensión más profunda y total de su existencia, colocándolo en la realización dialógica y amorosa con Dios y en el “hacer todo en el nombre del Señor”.

FRATERNIDAD

La fraternidad carmelita en el siglo XIII se estructura como la de los mendicantes, o sea, como la fraternidad que conduce no sólo a la comunión, sino también que proviene de una llamada divina, recordada en la misma denominación de “Frailes” al modo de las primeras comunidades cristiana (Hch 1, 15).
La comprensión de la fraternidad carmelita en la cualidad o perspectiva encarna en la relación interpersonal entre un hermano y otro con las siguientes características:

  • La igualdad económica (todos los bienes son compartidos).
  • La igualdad humana (la fraternidad está abierta a todos).
  • La igualdad de vida (la existencia concreta de los hermanos está motivada y es conducida por inspiración a la fraternidad).

La fraternidad es también el “lugar” de la vida común y de la corrección recíproca. El convento es el “lugar” de la convergencia de todos y su misma arquitectura expresa claramente la idea de comunión, de vecindad y de fraternidad.

SERVICIO AL PUEBLO DE DIOS

Los carmelitas, en el Monte Carmelo, por el “solatium terrae sanctae” (por el servicio de la Tierra Santa) se comprometieron en la lucha en la lucha espiritual con “corazón puro y recta conciencia”. Pero además del combate espiritual, con la victoria sobre el pecado y como apoyo para mantener libre y en posesión de los cristianos la Tierra Santa, los eremitas del Carmelo entendían este “solatium” extendiéndolo también a otras formas de servicio: en efecto se dedicaban a veces a prestar ayuda a los peregrinos (con la acogida, la orientación, incluso también con el acompañamiento) y a anunciar el Evangelio al pueblo. Cuando se trasladaron a Europa, los Carmelitas trajeron con ellos estas ideas de permanecer en “solatium” de la Tierra Santa, que ahora se va aclarando y ampliando: debe entenderse no sólo del lugar geográfico de la Tierra Santa, sino de toda la Iglesia, cuerpo místico del Señor, su verdadera Tierra y Reino. Así los carmelitas se insertaron en este contexto, asumiendo el ministerio apostólico que se hace necesario para que la Iglesia se torne cada vez más conforme a los deseos del corazón de Dios. Los carmelitas participamos así en distintas actividades apostólicas y nuestro estilo de vida permanece abierto a las diversas formas de cada momento.

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