El carisma carmelita tiene su fuente en la experiencia carismática de los primeros penitentes-peregrinos-eremitas en el monte Carmelo bajo el modelo y la inspiración del profeta Elías, nuestro padre espiritual, y la Virgen María. Esto se debe a la “presencia” de Elías sobre el Monte Carmelo y por la “dedicación” a María, o “patronato mariano”, de la primera iglesia y oratorio de los eremitas.