“Los Santos del Carmelo constituyen una gran multitud de hermanos que consagraron su vida a Dios, siguiendo las enseñanzas de su Hijo e imitando su vida, y se entregaron al servicio de la Virgen María en la oración, en la abnegación evangélica, en el amor a los hermanos, hasta el punto que algunos han entregado su sangre.
Eremitas en el Monte Carmelo, mendicantes en la Edad Media, maestros y teólogos, misioneros y mártires, religiosas que enriquecieron al pueblo de Dios con la misteriosa fecundidad de su vida contemplativa, apostólica y docente, laicos que en su vida supieron encarnar el espíritu de la Orden: ésta es la gran familia carmelita” (Liturgia de las Horas, p. 225).

El ejemplo de estos y de todos los otros miembros de la Orden, que han profesado en el pasado el modo de vivir carmelita, es para nosotros estímulo para vivir nuestra vocación en obsequio de Jesucristo, en  familiaridad de vida con María, nuestra Madre y Flor del Carmelo, y a imitación del profeta Elías.

 

SAN ANDRÉS CORSINI
San Andrés Corsini
San Andrés Corsini

Nació en Florencia en los inicios de siglo XIV. Abrazó la vida religiosa en el convento de su ciudad natal. Fue provincial de Toscaza en 1348 y al año siguiente fue nombrado obispo de Fiésole. Gobernó su diócesis con admirables ejemplos de caridad y con la elocuencia de su palabra. Se distinguió por su celo apostólico, prudencia y amor hacia los pobres. Murió el día 6 de enero de 1374. Fue canonizado el día 27 de abril de 1629.

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SAN PEDRO TOMÁS
San Pedro Tomás
San Pedro Tomás

Nació en el Perigord (Francia) alrededor de 1305. Habiendo ejercido el oficio de procurador general de la Orden ante la curia pontificia de Aviñon y después de predicador apostólico, fue nombrado en 1354 obispo de Patti y Lápari. Desempeñó las funciones de legado pontificio ante reyes y emperadores del tiempo con el objetivo de consolidar la paz y promover la unión con las Iglesias Orientales. Trasladado a otras sedes: Corón (Peloponeso) como legado pontificio en oriente (1359), Creta como arzobispo (1363) y finalmente (1364) como patriarca latino de Constantinopla. Sus esfuerzos a favor de la unidad de la Iglesia hacen de este santo del siglo XIV un precursor del ecumenismo. Murió en Famagusta (Chipre) en 1366.

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BEATO ÁNGEL MAZINAHI
beato Ángel Mazzinahi
beato Ángel Mazzinahi

Nació en Florencia, o sus cercanías, en fecha desconocida, pero ciertamente antes de 1386. Recibido en la Orden en 1413, fue el primer hijo de la reforma de Santa María de las Selvas. Allí en los años 1419-30 y y 1437, y después en Florencia en los años 1435-37 ejerció el oficio de prior. Lector en teología, se distinguió en la predicación de la Palabra de Dios. Murió en Florencia en 1438. Su culto, ya practicado en algunos lugares, fue confirmado en 1761.

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BEATO LUIS RABATÁ
Beato Luis Rabatá
Beato Luis Rabatá

Nació en Erice (Trápani) probablemente en 1443, entrando muy pronto en la Orden del Carmen. Fue prior del convento reformado de Randazzo, donde murió en 1490 de una herida recibida en la cabeza, perdonando a agresor y sin querer revelar su nombre.

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BEATO BARTOLOMÉ FANTI
Beato Bartolomé Fanti
Beato Bartolomé Fanti

Nació en Mantua, y en 1452 ya era sacerdote carmelita de la congregación Mantuana. Durante 35 años, en la iglesia carmelita de su ciudad, fue director espiritual y rector de la cofradía de la Bienaventurada Virgen María, para la cual escribió la regla y los estatuto. Sencilo y humilde, fue para todos un ejemplo de oración, generosidad y fidelidad en el servicio del Señor. Se distinguió por su amor a la Eucaristía, centro de su vida apostólica, y su devoción mariana. Murió en 1495.

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BEATO JUAN SORETH
Beato Juan Soreth
Beato Juan Soreth

Nació junto a Caen en Normandía en 1394 y entró en los carmelitas de esta ciudad. Sacerdote hacia 1417, fue maestro en teologìa (París, en 1438) y después regente de estudios. Fue provincial de su provincia de Francia en 140-1451 y prior general de la Orden desde 1451 hasta su muerte.
Fue incansable en la obra de reforma en un periodo histórico particularmente crítico para la Iglesia y para la misma Orden. Se dedicó completamente a la reforma, recorriendo Europa en las visitas canónicas, y promovió la “observancia” tanto en las provincias como en los conventos de la congregación Mantuana
Escribió un comentario a la Regla (la Expositio paraenetica) y publicó las constituciones de 1462. Otra de sus actividades fue la relativa al nacimiento y establecimiento de las monjas carmelitas, especialmente en virtud de la bula cum nulla de Nicolás V en 1452. Sobre esto revalorizó el Norte de Europa la obra desarrollada por la beata Francisca de Amboise, a la que él mismo había dado el hábito. Se ocupó también –siempre por mandato de la bula papal– de la creación de la tercera orden secular carmelita. Murió en Angers el 25 de julio de 1471. El carmelita Bautista Spagnoli, famoso humanista, le dedicó una elegía.
El culto del beato fue reconocido por Pío IX en 1866. Su fiesta se celebra el 24 de julio.

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BEATO BAUTISTA SPAGNOLI
Beato Bautista Spagnoli
Beato Bautista Spagnoli

Nace en Mantua el 17 de abril de 1477 de padre de origen español (de aquí el apellido). Entró en los carmelitas de Ferrara, profesando los votos religiosos en 1464. Maestro de teología en Bolonia (1475), desempeñó numerosos cargos en diversos conventos y por seis veces ejerció el oficio de vicario general de su congregación de reforma (llamada Mantuana) y al final de su vida fue prior general de todas la Orden (1518-16).
Su actividad no se limitó a la familia carmelita. En 1513 fue invitado a participar en el Concilio Lateranense; y en 1515 encargado por el papa León X de la misión diplomática para restablecer la paz entre el rey de Francia y el duque de Milán. Se distinguió esencialmente por el espíritu y la denuncia de la galopante corrupción de su tiempo, y expresó su ansia reformadora con óptimos recursos literarios y con un vibrante discurso en 1489 en la basílica vaticana delante del papa y de los cardenales. Todo no lo separaba de su vid interior y de la especial devoción a María.
Fue amigo de insignes humanistas y de ilustres personajes de la época, participando en el mundo de la cultura. Proclamado por Erasmo el “Virgilio cristiano” (más de cincuenta mil son sus versos latinos, de otras obras en prosa) debe ser incluido entre los mejores poetas de su tiempo; esto es también confirmado por las numerosísimas ediciones de sus escritos.
Murió en Mantua el 20 de marzo de 1516. El cuerpo incorrupto, se conserva en la iglesia catedral de esta ciudad. El culto del beato confirmado por León XIII el 17 de diciembre de 1885. Se celebra su memoria el 17 de abril.

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SANTA TERESA DE JESÚS
Santa Teresa de Jesús
Santa Teresa de Jesús

Teresa de Cepeda y Ahumada, reformadora del Carmelo, madre de la Orden descalza; “mater spiritualium” (título debajo de su estatua en la basílica vaticana); patrona de los escritores católicos (1965) y doctora de la Iglesia (1970: la primera mujer, que junto a Santa Catalina de Sena obtiene este título); nacida en Avila (Castilla la vieja, España) el 28 de marzo de 1515; muere en Alba de Tornes (Salamanca) el 4 de octubre de 1582 (el día siguiente, por la reforma gregoriana del calendario fue el 15 de octubre); beatificada en 1614, canonizada en 1622, su fiesta el 15 de octubre.
Su vida debe ser interpretada según el designio que el Señor tenía sobre ella, con los grandes deseos arraigados en su corazón, con las misteriosas dolencias de las cuales fue víctima desde joven (y la enfermiza salud que la acompañó durante toda la vida), con las “resistencias” a la gracia de la cual ella se acusa más de la debido. Entró en el Carmelo de la Encarnación de Avila el 2 de noviembre de 1535, huyendo de casa. Un poco por las condiciones objetivas del lugar, un poco por las dificultades de orden espiritual, luchó antes de llegar a la que ella llama su “conversión”, a los 39 años. Pero el encuentro con algunos directores espirituales la lanzó a grandes pasos hacia la perfección.
En 1560 tuvo la primera idea de un nuevo Carmelo, donde pudiera vivir mejor su regla. Idea realizada dos años después en el monasterio de S. José, sin rentas y “según la regla primitiva”: expresión que debe ser bien comprendida, porque en aquella época y también después fue más nostálgica y “heroica” que real. Cinco años más tarde Teresa obtuvo del General de la Orden, Juan Bautista Rossi, -de visita en España– la orden de multiplicar los monasterios y permiso para fundar dos conventos de “carmelitas contemplativos” (después llamados descalzos), que fuesen como padres espirituales de las monjas y de este modo pudieran ayudarlas. A la muerte de la santa los monasterios femeninos de la reforma eran 17. Pero también los masculinos superaron muy pronto el número inicial: algunos con el permiso del General Rossi, otros –especialmente en Andalucía– contra su voluntad, pero con la de los visitadores apostólicos, el dominico Vargas y el joven carmelita descalzo Jerónimo Gracián (éste fue además la llama espiritual de Teresa, al cual se ligó con el voto de hacer cualquier cosa que le fuese pedida, no contraria a la voluntad de Dios). Se seguirían incidentes desagradables agravados por interferencias de autoridades seculares y otras ajenas, hasta la erección de los descalzos en provincia separada en 1581. Teresa pudo escribir: “Ahora descalzos y calzados estamos todos en paz y nada nos impide servir al Señor”.
Teresa está entre las figuras de la mística católica de todos los tiempos. Sus obras –especialmente las cuatro más conocidas (Vida, Camino de Perfección, Moradas y Fundaciones)- junto a las noticias de orden histórico, contiene una doctrina que abraza toda la vida del alma, desde los primeros pasos hasta la intimidad con Dios en el centro del castillo interior. Sus cartas, además nos la muestran absorbida por los problemas más variados de cada día y de cada circunstancia. Su doctrina de la unión del alma con Dios (doctrina vivida por ella íntimamente) está en línea de la del Carmelo que la ha precedido y que ella ha contribuido de manera notable en enriquecer, y ha trasmitido no sólo a los hermanos, hijos e hijas espirituales, sino a toda la Iglesia, a la que sirvió sin escatimar esfuerzos. Al morir su alegría fue la de poder afirmar: “muero como hija de la Iglesia”.

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SAN JUAN DE LA CRUZ
San Juan de la Cruz
San Juan de la Cruz

El año de nacimiento más probable es 1540, en Fontiveros (Avila, España). Se queda muy pronto huérfano de padre y debe trasladarse con su madre de un lugar a otro, mientras sacaba adelante como podía sus estudios, y procuraba ganarse la vida. En Medina en 1563 vistió el hábito de los carmelitas y después del año de noviciado obtuvo licencia de vivir según la Regla sin mitigaciones. Ordenado sacerdote en 1567, depués de los estudios de filosofía y teología cursados en Salamanca, el mismo año se encontró con Santa Teresa de Jesús, que hacía poco había obtenido del prior General Rossi licencia para fundación de dos conventos de frailes carmelitas contemplativos (después llamados descalzos), para que fuesen de ayuda a las monjas por ella fundadas. Un año después –durante el cual se puso de acuerdo con la santa– el 28 de noviembre de 1568 forma parte del primer núcleo de reformados en Duruelo, cambiando el nombre Juan de San Matías por el de Juan de la Cruz.
Varias fueron las funciones desempeñadas por él en la reforma. De 1572 a 1577 fue también confesor-gobernador del monasterio de la Encarnación de Avila (no de la reforma, donde había sido priora Santa Teresa, al principio). En calidad de tal se encontró envuelto en un desagradable incidente de la vida interna del monasterio del cual fue considerado en cierta forma responsable: preso, permanece aproximadamente ocho meses en la cárcel del convento de Toledo, de donde huyó en agosto de 1578; en la cárcel escribió muchas de sus poesías, que más tarde comentó en sus célebres obras.
Después del acontecimiento de Toledo, ejerció de nuevo varias funciones de superior hasta que el vicario general (mientras tanto la reforma había obtenido una cierta autonomía) Nicolás Doria lo dejó de lado en 1591. Y no fue ésta la única “prueba”, en los últimos tiempos de su vida, para el que había dado todo a la reforma: soportó todo como saben hacerlo los santos. Murió entre el 13 y el 14 de diciembre de 1591 en Úbeda; tenía 49 años.
Su magisterio fue fundamentalmente oral; si escribió, fue porque insistentemente se lo requirieron. Tema central de su enseñanza que lo ha hecho célebre dentro y fuera de la Iglesia Católica es la unión por la gracia del hombre con Dios, por medio de Jesucristo: del grado más humilde al más sublime, en un itinerario que prevé las etapas de la vida purgativa, iluminativa y unitiva, en otras palabras, de los principiantes, proficientes y perfectos. Para llegar al todo, que es Dios, es preciso que el hombre dé todo de sí, no con espíritu de esclavo, sino de amor. Son célebres sus aforismos: “Al atardecer de la vida serás juzgado sobre el amor” y “donde no hay amor pon amor y encontrarás amor”.

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BEATO TITO BRANDSMA
Beato Tito Brandsma
Beato Tito Brandsma

Nació en la ciudad de Bolsward (Holanda) en 1881, y entró de joven en la Orden de los Carmelitas. Fue ordenado sacerdote en 1905. Realizo estudios de especialización en Roma, donde obtuvo el grado de doctor en filosofía en la Universidad Pontificia Gregoriana. Vuelto a su patria, enseñó en varios liceos holandeses y fue profesor de filosofía e historia de la mística en la Universidad Católica de Nimega, de la cual fue Rector Magnifico. Periodista y publicista, en 1935 fue nombrado consultor eclesiástico de los periodistas católicos. Fue conocido por su disponibilidad para todos y en todo. Antes y durantes la ocupación nazi de Holanda luchó, con fuerza y fidelidad al Evangelio, contra la propagación de la ideología nacionalista y defendió la libertad de la escuela y de la prensa católica. Por esto fue arrestado. Comenzaba así su calvario de sufrimientos y humillaciones, mientras infundía serenidad y daba consuelo a los otros deportados y los ayudaba en sus sufrimientos. En medio de tan atroces tormentos, sabia comunicar el bien, el amor y la paz. Después de pasar por varias cárceles y campos , al final fue asesinado. Ha sido proclamado beato mártir por Juan Pablo II el 3 de noviembre de 1985.
“La acción sola no es suficiente. Debe nacer de manera consciente de un corazón habitado por Dios” (P.Tito Brandsma).

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