“Los Santos del Carmelo constituyen una gran multitud de hermanos que consagraron su vida a Dios, siguiendo las enseñanzas de su Hijo e imitando su vida, y se entregaron al servicio de la Virgen María en la oración, en la abnegación evangélica, en el amor a los hermanos, hasta el punto que algunos han entregado su sangre.
Eremitas en el Monte Carmelo, mendicantes en la Edad Media, maestros y teólogos, misioneros y mártires, religiosas que enriquecieron al pueblo de Dios con la misteriosa fecundidad de su vida contemplativa, apostólica y docente, laicos que en su vida supieron encarnar el espíritu de la Orden: ésta es la gran familia carmelita” (Liturgia de las Horas, p. 225).

El ejemplo de estos y de todos los otros miembros de la Orden, que han profesado en el pasado el modo de vivir carmelita, es para nosotros estímulo para vivir nuestra vocación en obsequio de Jesucristo, en  familiaridad de vida con María, nuestra Madre y Flor del Carmelo, y a imitación del profeta Elías.

 

BEATO JAIME RETOURET, SACERDOTE Y MARTIR
Beato Jaime Retouret
Beato Jaime Retouret

Nació el 15 de septiembre de 1746 de una familia de comerciantes. Fue un joven serio, amante de los libros y de grandes dotes. A los 15 años, fue acogido en el convento carmelita de su ciudad natal. Después de su ordenación sacerdotal, su carácter, ardiente y serio, atrajo la admiración de muchos fieles, especialmente por medio de su predicación. Pero, muchas veces se vió obligado a interrumpir todas sus ocupaciones, sobretodo por causa de su salud enfermiza que lo atormentó por toda la vida. La Revolución Francesa no respetó su vida. Como la mayor parte del clero, el P. Jacques rehusó hacer juramento para apoyar una ley civil aprobada unilateralmente, la cual decretaba las elecciones de los obispos y de los párrocos directamente del pueblo y sucesivamente aprobadas por el Obispo y por el Papa. Además de esta imputación, el P.Jacques fue acusado de formar parte de los grupos de emigrados políticos que habían invadido el país contra los revolucionarios. Fue arrestado y condenado, junto con otros muchos sacerdotes y religiosos, al exilio de la Guinea Francesa en América del Sur. Fue deportado a Rochefort y separado a una nave de prisioneros. Mientras tanto sucedió que los ingleses bloquearon la costa francesa y, por consiguiente, también la salida de la nave.
Las condiciones de los prisioneros sobre la nave eran inimaginables: hacinamiento, hambre, enfermedades, frío y calor, olores insoportables, persecuciones.
El P. Jacques Retouret murió en Madame Isle, algunas leguas lejos de Rochelle, el 26 de agosto de 1794 a la edad de 48 años. Fue beatificado, junto con otros 63 sacerdotes y religiosos mártires por la fe, el 1 de octubre de 1995 por Juan Pablo II.

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BEATO ISIDORO BAKANJA, MARTIR
Beato Isidoro Bakanja
Beato Isidoro Bakanja

Nacido entre el 1880 y el 1890 en Bokendela (Zaire), en la tribu de los Boangi. Desde pequeño, para vivir tuvo que trabajar como albañil o en los campos. Se convirtió al cristianismo en 1906. Mientras trabaja en las dependencias de los colonizadores en una plantación de Ikili, le fue prohibido por sus patrones la cristianización de sus compañeros de trabajo. El 22 de Abril de 1909 el superintendente de la factoría, después de haberle arrancado el escapulario del Carmen, que Isidoro llevaba como expresión de su fe cristiana, lo hizo azotar hasta sangrar. Como consecuencia de las heridas de este castigo sufrido por su fe, soportado pacientemente, perdonando a su agresor, murió el 15 de agosto del mismo año. Fue beatificado por Juan Pablo II el 24 de abril de 1994.

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BEATA MARÍA CROCIFISSA CURCIO
Beata María Crocifissa Curcio
Beata María Crocifissa Curcio

La Madre M. Crocifissa Curcio nació el 30 de enero de 1887 en Ispica (Rg), Italia. Desde la adolescencia advirtió en sí la llamada a seguir radicalmente a Cristo que, a través de la tierna Madre del Carmelo, le confiaba el proyecto divino de hacer reflorecer el Carmelo en su país y en muchos otros. Como todos los santos, también M. Crocifissa para llevar a cabo este proyecto, sufrió grandes pruebas y sufrimientos prolongados por muchísimos años, hasta el encuentro providencial con el carmelita P. Lorenzo van den Eerenbeemt, que permitió dar vida a un pequeño Carmelo misionero en Santa Marinella, diócesis de Porto S.Rufina (Roma). A su muerte, acaecida el 4 de julio de 1957, la congregación por ella fundada a favor de la juventud pobre o menesterosa, estaba presente, además de en varias comunidades de Italia, en Brasil y en Malta. Rápidamente las Carmelitas Misioneras siguieron expandiéndose en otros continentes abriendo comunidades en Canadá, Tanzania, Filipinas y Rumanía.
Fue beatificada el 13 de noviembre de 2005.

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BEATA TERESA DE SAN AGUSTÍN Y COMPAÑERAS
B. Teresa de San Agustín y compañeras
B. Teresa de San Agustín y compañeras

Son las dieciséis Carmelitas Descalzas del monasterio de la Encarnación de Compiègne (Francia). Convertida la revolución francesa en terror, se ofrecieron a Dios como víctimas de expiación para impetrar la paz a la Iglesia y a su país. Arrestadas y encadenadas el 24 de junio de 1794, tuvieron la fuerza de transmitir a los otros su gozo y su fe. Condenadas a muerte por su fidelidad a la Iglesia y a la vida consagrada y por su devoción a los sagrados Corazones de Jesús y María, fueron guillotinadas en París el 17 de julio de 1794, mientras cantaban himnos y después de haber renovados los votos en las manos de la priora, Teresa de San Agustín. Fueron beatificadas por San Pío X el 13 de mayo de 1906.

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BEATO HILARIO JANUSZEWSKI
Beato Hilario Januszewski
Beato Hilario Januszewski

El P. Hilario Januszewski nació el 11 de junio de 1907 en Krajenki (Polonia) y se le dio el nombre de Pawel. Fue educado cristianamente por sus padres Martin y Marianne. Después de frecuentar el colegio de Greblin ( donde su familia residía desde 1915), continuó sus estudios en el Instituto de Suchary que abandonó más tarde por problemas económicos familiares. Después de un tiempo la familia se trasladó a Cracovia, donde pudo hacer algunos estudios y entró luego en el 1927 en la Orden Carmelita. Después de cumplir el noviciado en Leopoli, el 30 de diciembre de 1928, emitió la profesión simple. Al finalizar sus estudios en Cracovia, fue enviado al Colegio Internacional San Alberto en Roma. Fue ordenado sacerdote el 15 de julio de 1934. Habiendo obtenido el lectorado en teología y el premio destinado a los mejores estudiantes de la Academia Romana de Santo Tomás, en el 1935 regresó a Polonia destinado al convento de Cracovia.
Apenas vuelto a Polonia fue nombrado profesor de Teología Dogmática y de Historia de la Iglesia en el estudiantado de la Provincia Polaca en Cracovia. El 1 de septiembre de 1939, el P. Eliseo Sánchez-Paredes Arriaza, Provincial, lo nombró prior de la comunidad. En aquel tiempo, desde hacía pocas semanas, Polonia estaba ocupada por los alemanes. Un año después, los invasores decretaron el arresto de numerosos religiosos y sacerdotes. El 18 de septiembre de 1940, del Carmelo de Cracovia, fueron deportados por la Gestapo cuatro religiosos. En el mes de diciembre, al ser arrestado de nuevo algunos religiosos, el P. Hilario decidió cambiarse por uno de los religiosos más ancianos y enfermos. Desde aquel día comenzó su calvario. Fue enviado a la prisión de Montelupi (Cracovia), en el campo de concentración de Dachau. Allí fue ejemplo de vida de oración, animando a los otros y sembrando la confianza en un mañana mejor. Junto a otros Carmelitas, entre los cuales estaba el Beato Tito Brandsma, se reunía a menudo para orar.
Mientras, en el campo de concentración, en la barraca 25, se extendía el tifus. Para asistir a los enfermos se presentaron a las autoridades del campo 32 sacerdotes. Un par de días después se asoció espontáneamente el P. Hilario Januszewski. Su apostolado duró 21 días, porque infestado del tifus moría el 25 de marzo de 1945, pocos antes de la liberación del campo de concentración. Su cuerpo fue quemado en el crematorio campestre de Dachau.
El P. Hilario Januszewski fue beatificado el 13 de junio de 1999 por Juan Pablo II durante su viaje apostólico en Varsovia (Polonia). En la misma ocasión el Papa ha beatificado 108 mártires polacos de la segunda guerra mundial, víctimas de la persecución nazista.

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SAN NUÑO ALVAREZ PEREIRA
San Nuño
San Nuño

Nuño Alvares Pereira, fundador de la casa de Braganza, nació en Cernache de Bonjardim (Portugal) el 24 de julio de 1360. Condestable del Reino de Portugal, fue jefe invencible de los ejércitos militares en la guerra de independencia. Las gestas de este héroe nacional fueron cantadas por L. Camoes en Os Lusiadas. Cuando murió su mujer, entró en 1423 en Lisboa en el convento por él fundado para la Orden de los Carmelitas. Quiso ser un simple "donado" y tomó el nombre de fray Nuño de Santa María. Murió en este convento el Domingo de Resurrección de 1431 (1 de abril), habiendo dado a todos durante su vida un ejemplo de oración, penitencia, amor a los pobres y devoción filial a la Virgen. Su culto fue aprobado en 1918.

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BEATO ANGELO PAOLI
Beato Angelo Paoli
Beato Angelo Paoli

Nació el 1 de septiembre de 1642 en Argigliano, anejo entonces del municipio de Fivizzano, hoy de Casola en Lumigiana (Massa). En el bautismo le pusieron el nombre de Francisco. En 1660 recibió la tonsura y las dos primeras órdenes menores. Después de pasar algunos meses con su familia, tomo el habito carmelita en Fivizzano y fue enviado a hacer el no- viciado a Siena y allí pronuncio los votos el 18 de diciembre de 1661. Estudio filosofía y teología en Pisa y Florencia y en esta ciudad celebro su primera Misa I el 7 de enero de 1667.

Su vida puede dividirse en dos periodos: en su provincia religiosa de Toscana y en Roma. El primer periodo se caracteriza por frecuentes cambios de residencia: en Argigliano y en Pistoya, en 1675 vuelve a Florencia como Maestro de novicios. Dieciocho meses más tarde se halla de párroco en Corniola y en 1677, diez meses después, es trasladado a Siena y luego a Montecatini en 1680, donde dos años después se le encarga la enseñanza de la gramática a los religiosos jóvenes; pero ese mismo ano le trasladan a Pisa y pocos meses mas tarde a Fivizzano como organista y sacristán. En 1687 el General de la Orden lo llama a Roma donde, en el convento de S. Martino ai Monti, vivió los treinta y dos años restantes de su vida, primero como Maestro de novicios y luego como ecónomo, sacristán y organista y al mismo tiempo como director del conservatorio para muchachas fundado por Livia Vipereschi.

Durante la primera época de su vida, por doquier había ido dejando a su paso el muy grato recuerdo de un alma sedienta de silencio, de oración, de mortificación, pero sobre todo de un hombre entregado a la caridad espiritual y corporal hacia los enfermos y los pobres, tanto que en Siena le dieron el apelativo de “Padre Caridad”. Y siempre hizo honor a este apelativo dondequiera que se hallara, especialmente en Roma donde cuido de los dos hospitales de S. Juan (el de hombres y el de mujeres) y fundo el hospicio para convalecientes pobres en la avenida entre el Coliseo y la basílica de S. Juan. Su lema fue: “Quien ama a Dios debe buscarlo entre los pobres». Supo también atraer a muchas personas que le imitaron en su atención a los necesitados. Y así se comprobó sobre todo durante las calamidades públicas, tales como los terremotos e inundaciones que se abatieron sobre Roma en los anos 1702 y 1703, en una época en la que el fasto de unos pocos contrastaba con la miseria de la mayoría.

Acertó a dar a los ricos muy buenos consejos y ellos le estimaron y le secundaron y emplearon como mediador en sus propias obras de beneficencia. Enseñó a los pobres a ser agradecidos y a encontrar en su humilde condición motivos de perfeccionamiento moral. Fue consejero de príncipes y de otros “grandes” de la Roma de entonces o de los huéspedes ilustres de la ciudad. Cardenales y altos prelados le tenían en gran estima. Rehusó la púrpura que le ofrecieron Inocencio XII y Clemente XI porque - decía – “habría redundado en perjuicio de los pobres a los que no habría podido atender”.

Tuvo una confianza plena en la Divina Providencia, a la que solía llamar su “despensa”, en la cual nunca falta nada. Esta confianza se vio no pocas veces recompensada con hechos humanamente inexplicables, tales como la multiplicación de cosas sencillas destinadas al alimento de los pobres. Al practicar la caridad, no descuidaba, sin embargo, la justicia: siendo el mismo ejemplo de justa retribución a 1os obreros, sabía conseguir también que obraran con justicia quienes a veces se olvidaban de ello. Su unión profunda con Dios la buscaba en la oración solitaria, ya fuese en una cueva como cuando era niño en Argigliano, en los espacios ilimitados del Monte S. Peregrino, en los sótanos del convento de Florencia, o en las catacumbas romanas, en su celda o en el corillo de la iglesia de S. Martino donde la noche se le pasaba en un santiamén, descansando —solía decir— como S. Juan “sobre el pecho de Cristo por medio de la oración”. Destaco por su amor a la Cruz que quiso alzar incluso materialmente allá donde le fue posible: entre Argigliano y Minucciano, en el Monte S. Peregrino, junto a Corniola, y en Roma tres en el Testaccio y tres dentro del Coliseo. El Señor le dio a conocer algunos sucesos lejanos (como la muerte de Luis XIV y la victoria del Príncipe Eugenio de Saboya; en Petrovaradin) o futuros (como su propia muerte y la de otros). Varias personas le atribuyeron señaladas gracias estando él todavía en vida.

Murió el 20 de enero de 1720 y fue sepultado en la iglesia de S. Martino ai Monti donde se encuentra actualmente en la nave izquierda. Tres af1os después de su muerte se inicio el proceso informativo diocesano en Florencia, Pescia y Roma. El apostólico se desarrollo de 1740 a 1753. La heroicidad de sus virtudes fue reconocida por Pío VI en 1781.

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